Kryptonita Dumoulin

Persiste la idea de llevar a Nairo más allá de las prestaciones normales y colocarlo al nivel de lo sobrehumano. Los responsables del Movistar están empeñados en recordar continuamente lo excepcional que es el colombiano desde muy joven. Nairo es un exuberante escalador, un gran atleta. Pero cargarle etapa sí, etapa no, con la responsabilidad del superhéroe que abandera todo un país no ayuda a analizar lo cotidiano. Lo mundano, un Giro con pequeñas dosis de Kryptonita contrarreloj y un holandés magnífico, ha resultado imposible para el que busca lo extraordinario. En el ciclismo no siempre gana el que casi siempre lo hace o el más fuerte. Existen gran cantidad de variables, y entre esas circunstancias, se encuentran las disculpas, que no justifican una derrota. El Movistar ha escarbado para encontrar la exculpación y perpetuar el carácter mítico de Quintana. Ha alegado que una caída, aparentemente sin consecuencias físicas, le mermó. También que una fiebre los últimos días le ha debilitado. O simplemente que Nairo ha llegado justo de forma para alcanzar la plenitud en el Tour, lo que supone descubrir que el Giro era un objetivo menor. Esta última argumentación también les valdrá a finales de julio si no se lleva el Tour. Entonces se proclamará que tratar de hacer el doblete Giro/Tour es una quimera físicamente inviable.

Sin embargo, los números proyectan que Nairo ha estado a un magnífico nivel en la carrera italiana, corroborando así sus propias palabras después de la etapa de Oropa, cuando reconoció que los datos de su potenciómetro eran buenos. Y es que lo han sido. Su problema y el de su equipo es que enfrente ha tenido a un rival que se perfila como un martillo pilón capaz de destrozar lo común y lo insólito. Dumoulin ha urdido su victoria a base de segundos contrarreloj, pero también en cuatro momentos antinaturales para su físico como han sido Blockhaus, Oropa, Umbrailpass y Piancavallo.

Blockhaus, Umbrailpass y Pioancavallo poseen muchos atributos parecidos a una ascensión que tanto gusta a Quintana. Es Alpe d’Huez, ahí donde ha hecho sufrir a Froome en los Tour de 2013 y 2015. Un escenario propicio para grandes escaladores, un recorrido de unos 13 kilómetros a más del 8% de desnivel. Las cifras de Quintana en Blockhaus arrojan un nivel igual o superior a esas ascensiones que tanto daño hicieron al del Sky. Según los tiempos de subida de http://www.climbing-records.com/, el líder del Movistar subió los 13,8 km al 8,4% en 40’15’’. Traducido al lenguaje de las fórmulas del dr. Ferrari y de potencia, proyectan 6’08 vatios por kilo de potencia relativa (fórmula Ferrari) y 6’38 w/kg de potencia total, si se considera que el colombiano pesa 57 kg, a unos 360 vatios de media. En Alpe d’Huez, en el Tour’15, alcanzó los 6’07 w/kg de potencia relativa y 6’36 w/kg de potencia total en un esfuerzo de 39’22’’. Unos datos muy parecidos con la diferencia de que Blockhaus llegó con unos ciclistas aún frescos y Alpe d’Huez fue casi el último día de carrera, con todos los músculos desgastados. En 2013, sus números fueron un poco inferiores con 6 W/kg de relativa y 6,24 w/kg totales en sus 39’50’’.

Soportar un sacrificio físico de 40’ ya no es para rodadores que se defienden en media montaña. Es una tortura para los que mueven chasis pesados como Dumoulin. El holandés detiene la báscula en los 69 kilos aproximadamente. Doce kilos más que Nairo, todo un ejercicio de sobrepotencia. El del Sunweb perdió 24’’ en Blockhaus, lo que supone 6’02 w/kg de potencia relativa y 6 w/kg de potencia total a unos 414 vatios de media. Mientras, su obra maestra llegó en Oropa, ahí donde Nairo miraba incrédulo su potenciómetro, buscando respuestas a algo inesperado. Dumoulin, durante 17’37’’, movió unos 457 vatios de media a una potencia relativa de 6’52 w/kg y una total de 6’64 w/kg. Nairo hizo 17’51’’, a unos 388 vatios de medio, con una relativa de 6’44 w/kg y una total de 6’82 w/kg. El del Movistar sí tiene unas prestaciones superiores en Peña Cabarga, en la Vuelta del pasado año, con 16’ 58’’ a 6’62 w/kg de relativa y 7’05 w/kg de potencia total. Aún así, hizo mejor tiempo que en el Giro de 2014, cuando tardó 18’30’’ en ascender Oropa. Esta subida es lugar de recuerdos ciclistas, todos ellos relacionados con la época más oscura, cuando la Gewiss de Argentin y Ugrumov casi derrocan a Indurain, otro atleta tocado con la varita de lo no normal, y donde Pantani subía llaneando, sin gravedad, sin nada que tirara de él.

El tercer capítulo dumoliano se escribió en Umbrailpass, después de una jornada terrible con el Mortirolo y el Stelvio. Aparte de la anécdota gloriosa del corredor del Sunweb deteniéndose justo antes de la ascensión a Umbrailpass para aliviar sus necesidades, la etapa sirvió para medir la fortaleza mental del holandés. Recorrió los 13 kilómetros en solitario, centrado, tratando de minimizar la pérdida de tiempo. Quintana y Nibali le añadieron en el puerto otros 55 segundos. Nairo tardó 42’26’’ a 5’53 w/kg de potencia relativa y 5’62 w/kg totales, a unos 320 vatios de media. Dumoulin hizo 43’21’’, a 5’41 w/kg de potencia relativa o5’29 w/kg totales a unos 364 vatios de media. Son datos que expresan la dureza del día, con un buen ritmo de ascensión en el Stelvio.

La última sesión de gran tortura para el del Sunweb se escribió en Piancavallo, otro monstruo hacia el cielo con 13’8 km al 8’1% y una exigencia cercana a los 40 minutos. Otro émulo de Alpe d’Huez, otra oportunidad para el colombiano. Y, de nuevo, sus números fueron excelentes, con 39’ a 6’12 w/kg de potencia relativa y 6’38 w/kg totales a unos 364 vatios de media. La mejor actuación, por encima de Blockhaus, de Alpe d’Huez 2013 y 2015, de la Pierre de Saint Martin 2015 o de Terminillo en 2017. Dumoulin sufrió, se dejó 1 minuto y 9 segundos, pero aún así tuvo una prestación de gran nivel, con 5’94 w/kg de potencia relativa o 5’91 w/kg totales a unos 407 vatios de media. De nuevo, un perfil para escaladores mitigado por un ciclista con cuerpo de clasicómano.

Posiblemente, el ciclismo se adentra hacia la era Dumoulin, con los organizadores buscando contrarrestar su poder rodador. Al igual que hay buenas y duras etapas de montaña, debería haber poderosas etapas contrarreloj. Ampliar el abanico de posibles ganadores de grandes vueltas genera más atractivo y los que se sienten con grandes poderes en los puertos deberán buscar el antídoto contra los que parecen más vulnerables en ese terreno, pero que ya se configuran como la verdadera kryptonita de los grandes escaladores.

Imagen: http://teamsunweb.com/giro-s21/

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